TorredelaiglesiadeSanAndresApostolEl maestro Carlos Mancillas es el único que ha investigado a fondo la historia de Tláhuac y sus alrededores. Para él es un orgullo y privilegio ser señalado por otros como un hombre de Historia.

Texto: Gilbert Gil

Fotos: http://www.pueblosoriginarios.df.gob.mx/

El amor a la historia

“La historia ha sido parte determinante de mi vida, he tenido interés por estudiar y querer saber más; siempre me han apasionado las historias orales, las lecturas históricas, los personajes como Benito Juárez y Zapata…

“Me gusta leer mucho la novela histórica, tengo mucho de esos libros, me gusta mucho, entonces la historia para mí ha sido una fuente de inspiración y desahogo; cuando me siento agobiado, frustrado, negado y no encuentro una salida, pues me pongo a leer o escribir… En el terreno del estudio afortunadamente me puedo decir listo para competir, tengo salud, no me falla la vista, estoy vivo, seguiré estudiando”, declara el profesor Mancillas.

“Cuando fui a las escuelas superiores y me dieron Historia, no me gustó cómo la impartían, toda rebuscada… ¡No!, la Historia se debe enseñar de forma anecdótica. Sinceramente, en las escuelas a las que fui, verdaderamente eran muy malos los maestros.”

El historiador, para el profesor, debe tener disciplina para efectuar la investigación “si no, es complicado que pueda realizarla. La disciplina la aprendí del ejército, siempre me gustó la tropa, pero la apliqué en la Historia. Pienso que es básico tener disciplina para poder concluir una investigación, tener una dinámica constante te ayuda mucho”.

Aunque el ser historiador tiene sus satisfacciones, al profesor Mancillas no le gustan los honores, siempre ha buscado quedarse en la clandestinidad, para que no lo encuentren: “ya que sólo me buscan para escuchar qué les digo de nuevo, qué dato no tenían; me pueden robar y publicar en otra parte, no me gusta”.

Pieza

Desconfiado al hablar del tema dice que “he llegado a la conclusión que no a cualquiera se le puede decir información, ya que muchos piratas se la roban… Sinceramente desconfío de todos…”.

Esta desconfianza que el cronista tiene hacia los periodistas se da al punto de no mencionar ningún dato que no haya publicado. Y es que este ex profesor de secundaria ha escrito tres libros acerca de la historia de Tláhuac, con exactitud y pulcritud en la corroboración de datos.

Pero esta recopilación histórica, que durante muchos años levanta día con día al profesor, no lo deja satisfecho;  cada dato alienta al cronista para meterse cada vez más al fondo de su historia.

“Es necesario recopilar todo tipo de documentos, antiguos, principalmente, para que se conozca directamente la historia, esto hace que se fortalezca la identidad, que la tradición de Tláhuac se amplíe y se conozca por las nuevas generaciones.”

La identidad regional se hace más fuerte ya que las costumbres y tradiciones, a pesar de la mancha urbana, no desaparecen, se fortalecen. Así los pueblos originarios son conscientes de sus antecedentes y los identifica con otras delegaciones.

Esto es lo que hace que el profesor siga conociendo la historia. “Lo hago con mucho amor, con mucha dedicación, me siento muy motivado cuando encuentro algo que la gente no sabe, me parece importante escudriñar archivos”.

Al ver los documentos, el historiador imagina cómo era Tláhuac en el pasado, aunque nunca estuvo ahí. El modo en que se expresa hace pensar que sí: “Me imagino la región, los parajes, el toque de trompetas, quién era el trompetista y dónde aprendió a tocar; entonces cuando yo escribo, este tipo de cosas me animan a seguir, ya que es una convivencia directa con mi historia”.

Hay un deseo del profesor por seguir estudiando a la región: “Es una satisfacción muy grande, esto nunca se va a terminar… Todos los días se escribe la crónica, la historia…Un hecho que se da hoy, mañana ya es historia… Yo lo que hago es la crónica, no es como un  libro de historia… No… Yo me adentro en los datos cotidianos de las épocas, para realmente saber cómo es que se vivía.

Detalle

“Reto a cualquier historiador emérito, al mismo León Portilla, a que demostremos de qué cuero salen más correas, porque la historia regional también vale, se puede porque somos mexicanos ¡Cómo vamos a dejar que vengan extranjeros a decirnos cómo es nuestra historia!”.

Para Carlos Mancillas, es mucha la responsabilidad que se tiene al ser originario de pueblos ancestrales; molesto afirma que: “nosotros debemos hacer las investigaciones, a mí me molesta mucho cuando la gente habla sin saber… Sólo porque han leído dos o tres libros que interpretan nuestra historia, creen que saben de qué hablan”.

El amor a la historia le ha dado reconocimientos en su pueblo, Tlaltenco, y en otras regiones. Esos 15 años en los cuales ha servido a la historia, le traen un orgullo por vivir en Tláhuac.

Parte de la vida de este antiguo campesino ha sido convivir con gente de otros pueblos, niños, jóvenes y mujeres, quienes se le acercan para pedir cualquier dato referente a Tláhuac. Los investigadores, por su parte, solicitan citas para entrevistarlo y, en los casos más afortunados, lo invitan a dar conferencias a lugares como California.

Hay dos cosas que le alegran mucho al profesor Mancillas: una de ellas, es que los jóvenes se interesen por la historia y la otra, que “todavía pueda estar vivo para seguir aprendiendo de la historia de Tláhuac”.

“Nunca terminaremos de aprender, yo creo que si me muero va a venir otra persona a seguir estudiando lo que hacía. Cualquiera puede hacerlo si quiere, si hay compromiso, pero por lo mientras yo seguiré haciendo mi trabajo con amor y dedicación.”

La idiosincrasia del tlahuaquense

La población originaria de Tláhuac se dedicó a las actividades agropecuarias según el territorio donde vivió. Las labores del campo eran similares a las de otros pueblos, pero además tenían una zona chinampera donde se producían todo tipo de hortalizas.

Hay un cierto porcentaje de la población que todavía practica estas actividades agropecuarias, aunque ya en menor proporción. Para el profesor Mancillas, la idiosincrasia del poblador de Tláhuac viene de una base campesina.

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“Seguimos siendo rurales, campesinos, nuestras costumbres se mantienen vivas. Desde antaño en forma sencilla, se han venido practicando y conservando nuestras tradiciones, ahora ya con más pompa, mas lujo pero al fin y al cabo, eso es lo que nos da identidad”.

Poco a poco, la mancha urbana ha absorbido a Tláhuac, y costumbres como la vestimenta o la comida han cambiado radicalmente. “Han cambiado el calzón, la camisa de manta blanca, huaraches y sombrero redondo, por las botas pantalones, chamarras…”.

La forma de celebrar las fiestas ha variado también, ahora los elementos son diferentes, se adaptan a las costumbres y modus vivendi de la gente. “Antes era una fiesta religiosa que se iniciaba en vísperas del día del festejo al santo patrón y terminaba tres días después. Los festejos contemplaban las actividades religiosas, había música de viento, bandas clásicas, castillos y el baile”.

El profesor Carlos Mancillas aclara que las bandas que tocaban en ese entonces eran de Tláhuac y eran bandas que interpretaban clásicos: “Mozart, Tchaikovsky, Beethoven, Silvestre Revueltas… Eso gustaba antes, ahora se prefiere a las bandas ‘cantadas’, para bailar”.

Las misas se celebraban cada hora “se rezaba mucho, se bautizaba en esos días, se casaban, primeras comuniones, de todo (…) ahora esto ha cambiado, en el presente se alargan las fiestas hasta 10 días y hay eventos deportivos, culturales, de ganadería, gastronomía”.

En todo Tláhuac, en sus fiestas patronales, se siguen quemando juegos pirotécnicos “en lo que es Tlaltenco, Santa Catarina y Tetelco se realizan pequeños castillos; en la cabecera (San Pedro Tláhuac) ya no, y en Zapotitlán es donde la pirotecnia  llega a su máxima expresión, es donde la fiesta se pone buena”, asegura el profesor Mancillas.

¿Qué pone triste al profesor Mancillas?

-Me pone triste la condición de cientos de campesinos y gente humilde que vive mal, que el gobierno no les dé oportunidades me da coraje. Otra cosa es que las personas que están al frente de las comunidades no hagan mejorar las festividades, o no realicen el trabajo que merece la comunidad, porque las comunidades también tienen que desarrollarse.

¿Qué lo pone feliz?

-Terminar un libro… Hacer la historia… Mis hijos… Mis nietos… El pueblo, mis tradiciones, el vivir.

El profesor se levanta del asiento, toma la chamarra, la acomoda con un gesto de aquejo, voltea y pregunta “ya platicamos mucho ¿No?”. Antes de despedirse, comenta acerca de su discípulo: “es un chamaco de secundaria, muy vivo, muy activo, es una persona que nos sorprenderá”.

Y es que el joven aprendiz tendrá la responsabilidad de continuar la investigación de todos los pueblos de Tláhuac, cuando el profesor Mancillas muera. “Ya le dije que cuando me muera, venga y pida todos los documentos, para entonces la gente sabrá que él está continuando con mi investigación”.

Para finalizar, y ya en la puerta de salida, le pide a Dios la oportunidad para lograr el sueño de rediseñar el Museo Regional de Tláhuac y el Archivo de Documentos Históricos “ya que sería una gran aportación para mi comunidad”.

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