pasorienteJP3“Todo se ha cumplido. Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu” se escuchaban las últimas palabras que emitían los labios secos de Miguel Rosas Butanda, quién postrado en la cruz, personificaba a Jesús de Nazaret. El sol radiante recaía sobre el rostro de aquellos que, durante casi cuatro horas, habían seguido el andar de Jesús.

Texto: Marlene Cruz Arenas

Fotos: Rodrigo Villa

Todos llegaron a la Loma, atrás del panteón nuevo, lugar en donde culminaría el víacrucis como parte del 36 aniversario de la Semana Santa en el pueblo de Santiago Zapotitlan. “¡Anda, camina rey de los judíos! ¡No te detengas falso profeta¡” gritaba repetidamente un soldado romano que con un látigo golpeaba el cuerpo, sobre el cual, se sostenía la pesada cruz de madera.

El Viernes Santo había comenzado, el color blanco y morado resaltaba entre las calles, donde más tarde, pasaría la procesión. Poca gente transcurría por los caminos de las Avenidas Juárez e Independencia, a comparación de otros días no se escuchaba la música o el murmullo de las personas, hoy, sólo el constante repicar de las campanas de la iglesia.

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La celebración se había retrasado, eran más de las once de la mañana y ésta aun no comenzaba. Las gorras, sombrillas y botellas de agua no podían faltar, el sol asechaba a los ahí presentes, aunque, más tarde se apreciaría un cielo nublado. Todos querían ver que ocurría en la escenificación. Algunos se abrían paso a empujones, deslizándose entre las personas. “Con permiso por favor“ dijo Panchito, fotógrafo conocido por el pueblo de Zapotitlán, mientras tanto una mujer en tono grosero le replicaba “yo también quiero ver y por aquí ya no se puede pasar”.

“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tú nombre venga nosotros tú reino… – Oremos hermanos y acompañemos a Jesús en su cruz”, pregonaba el padre Sebas, quien oficiaba la celebración. Con voz ronca y agónica Jesús suplicaba: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. La corona de espinas permanecía clavada sobre su piel, la sangre rodaba escurridiza por la mejilla. Jesús era golpeado una y otra vez.

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El vía crucis en Zapotitlán provocó muchas reacciones entre los que observaban atentos alas escenas: “Mami, ¿por qué le pegan a Diosito, si él es bueno?”. Un niño le preguntaba a su madre que con ojos llorosos, como cristales húmedos contesta: “Juanito, sólo sé que Jesús, nos quiere a todos por igual y que él nos ha perdonado”.

Con el cielo nublado, con María inconsolable al pie de la cruz y con Judas ahorcado en un árbol, culminaba una vez más la representación de la Pasión de Cristo, en Santiago Zapotitlán.

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