penacho iglesias 001Los aztecas se regían por un periodo cíclico de 52 años que inauguraba con una ceremonia del fuego nuevo. Antes que se prendiera el fuego nuevo las mujeres y los niños se quedaban en las casas, en cuya entrada permanecían los acuclillados y armados de lanzas para defenderlos.

Texto: Municipio Libre

Foto: Rodrigo Villa

En las trojes de barro en que se conservaba el maíz, se encerraba a las mujeres embarazadas; niños y mujeres cubrían su cara con máscaras de papel. Todo esto por el miedo de que, no se fuera a lograr encender el fuego la primera noche del nuevo ciclo, acabaría con el mundo.

Todos los fuegos eran apagados en las ciudades y en los campos, las multitudes anhelante se apretujaban al pie de las ladera de la montaña Huizachtepetl (hoy cerro de la estrella) en tanto que en la parte más alta de los sacerdotes observaban las constelaciones.

El sacerdote astrónomo hacía una señal y al momento se extendía un cautivo sobre la piedra, el cuchillo de pedernal penetraba en su pecho con un golpe sordo, y sobre la herida abierta se hacía girar el tlacquahuitl, el barrenador del fuego.

Entonces la flama surgía, naciendo del pecho mutilado y en medio de las aclamaciones de alegría, los mensajeros encendían antorchas y partían a transmitir el fuego sagrado a las cuatro direcciones del valle central; finalmente era distribuido en la Ciudad y hacia los pueblos vecinos.

En la época mesoamericana el gusto por el fuego y la necesidad de sacrificio eran de igual manera para recibir a cambio los bienes de los Dioses.

En la actualidad en Zapotitlán “Los Danzantes” escenifican el ritual de encendido del fuego, el honrar al fuego no ha terminado en este pueblo, ahora es representado por los juegos pirotécnicos.

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