mayordomosDespués de tres días de fiesta, donde las bandas han tocado hasta morir, jóvenes, señores, ancianos y niños han zapateado y rezado; se ha gozado, se nota que la “Fiesta de Luces y Música” lleva su cuarto día de vida. Los integrantes de la mayordomía número seis del Barrio de Santiago reciben al cronista. Con ojeras y bostezos, ligeramente cansados, invitan a degustar el desayuno.

Texto y fotos: Gilbert Gil

La cita es en una casa tradicional del barrio, pintada de verde pastel con el techo de teja vieja; se entrevén los años que ha servido a la familia Cruz; desde 20 metros antes de llegar a la vistosa casa, sobre la avenida Independencia, una flamante lona invita a pasar a la Estética Mary, el negocio de la familia.

“Pásele, pásele joven, ya está servido… Va a desayunar… ¿No?”. Son las once de la mañana y Doña Bertha ya está lista, preparando a mano las tortillas que acompañarán al exquisito mixiote con frijoles y arroz, que ya se encuentra en la mesa. Siete sillas esperan a los hambrientos mayordomos de Santiago que, aunque cansados, no pierden la sonrisa ni la actitud fraternal que los caracteriza.

Café de olla, refrescos y una botella de tequila despiertan a los organizadores; risueños, platican sobre los “chismes vecinales de la fiesta” como los nombra, en broma, el mayordomo más joven.

Identidad, origen y tradición

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Entre risas y otra ración de arroz, los mayordomos reflexionan acerca de la importancia de la fiesta para los barrios de Santiago Zapotitlán.

“La importancia que tiene la fiesta, es mucha. Es una situación que da identidad a la gente del propio pueblo, porque para poderla llevar a cabo, pues se necesita el apoyo y participación de la gente, se hace todo un ritual, desde la planeación hasta que se realiza; es un proceso muy largo, es mucho.

“La participación se da de manera voluntaria, para costear el evento se hace mediante aportaciones voluntarias”, afirma Nicolás Cruz, el presidente mayordomo.

En este pueblo del sur de la ciudad de México, la mayoría de la comunidad hace una cooperación, ya sea por parejas o individualmente. Las mayordomías organizadoras se encargan de recaudar en las casas el dinero que será destinado para la fiesta.

La convivencia es lo que hace que la celebración se organice bien, resaltan los mayordomos: “Por ello es muy importante que la convivencia a través de nuestras tradiciones permanezcan, para nosotros es esencial. Aquí en la ‘Fiesta de Luces y Música’; por ejemplo, se encuentran dos tipos de tradiciones o costumbres, tanto la iglesia como las danzas prehispánicas, y no están peleadas como se pensaría, hay un culto detrás.

“Es una mezcla, aunque el origen es religioso, lo prehispánico, lo pagano, es muy significativo para nuestra identidad; estas danzas ancestrales también le dan culto, ofrendan el honor al ‘Señor de las Misericordias’”.

Los siete mayordomos del barrio de Santiago dan la importancia de la fiesta del Señor de las Misericordias a la gran dualidad que existe en torno a ella. Como ejemplo utilizan las danzas aztecas. Los danzantes que por la mañana yacían en la iglesia de Santiago Zapotitlán, escuchan al padre dar la misa matinal.

“La gente piensa que es algo raro, peculiar, que los danzantes escuchen la misa con sus trajes, puede ser una contradicción, pero para nosotros no lo es. Desde que comenzó la fiesta en forma —explica el mayordomo presidente del barrio número seis— uno de los atractivos más gustados han sido las danzas prehispánicas, originarias de Santiago Zapotitlán (…) es una fusión de ambas culturas que veneran a los dioses aztecas y al mismo tiempo a la virgen de Guadalupe o a Cristo, que aquí se representa como el Señor de la Misericordias.”

El secretario de la sexta mayordomía, el hombre con más edad de todos, 38 años, engloba la idea de su compadre y amigo: “Las danzas aztecas son una parte fundamental de la festividad, si no existieran o ya no se realizaran, la fiesta perdería mucho de su esencia y de cómo se lleva a cabo”.

En cuanto a la convivencia entre los habitantes del pueblo, los mayordomos aseguran que “se da en conjunto, nunca segmentada. Sería un error. No hay situaciones específicas entre la gente, la concurrencia es de todo tipo de personas y ellas deciden a qué evento van o no. A la gente la gusta la fiesta en conjunto, toda como está; estamos seguros de que la gente va a todos los eventos que conforman nuestra tradición y cultura”.

Cuando se le pregunta acerca de una brecha generacional entre las fiestas de años pasados y las actuales, el presidente mayordomo afirma que “hay mayordomos de edad avanzada que prefieran las tradiciones más antiguas, pero en la organización de los eventos y en su operación ellos también participan aunque las tradiciones sean más actuales, como las bandas.

“La organización de los eventos está realizada para todo el pueblo en general. Sin duda hay una mezcla de ideas entre los jóvenes y la gente mayor, pero siempre se llegan a acuerdos entre todos, es lo bonito de la organización.

“En la mesa directiva actual hay muchos jóvenes, eso es muy bueno porque las tradiciones se siguen heredando naturalmente y la gente adulta, sin duda, ayuda para que esto se logre”.

Orgullo y satisfacción, no poder

PUEBLO

El café se sigue sirviendo, una botella de tequila yace en el centro de la mesa; mientras las hermanas y primas de los mayordomos recogen los platos sucios, el mayordomo tesorero toma la botella y la abre bruscamente. Los vasos de plástico son repartidos mecánicamente por el mayordomo secretario, mientras comenta al respecto del significado de pertenecer a una mayordomía “a la de tu barrio, a la de tu pueblo”, refiere.

Se sirve el tequila, mientras el cronista sigue con su café de olla. La plática continúa con el mayordomo secretario: “Es algo muy importante en la comunidad, aquí se trata de vincular, de involucrar, ser partícipes desde niños, uno como padre necesita refrendarles las costumbres y tradiciones”.

Abruptamente, el presidente mayordomo, Nicolás Cruz, interviene y reflexiona acerca de las mayordomías: “aunque es cuestión también de gustos, muchas veces la gente se siente apenada por ser del pueblo, por tener esas tradiciones, esas costumbres, podrán decir ‘ser mayordomo de qué trata’ y darle una importancia mayor a eventos como las bandas, muchas veces se les hace fácil pero no saben el trabajo que cuesta. El tratar de involucrar en la fiesta a niños y jóvenes, concierne a los padres.

“Decirle a tu hijo el porqué de las fiestas, de los elementos que la conforman… Aunque muchas cosas han cambiado, se han adaptado a la actualidad. Lo importante es transmitirlo, que se quede en la cultura del niño.

“Para que la tradición persista, se necesita pasarla de generación en generación, los padres lo tenemos que transmitir, así como el orgullo de ser nativo de este pueblo y de participar en una festividad difícil de ver en el Distrito Federal. Es parte de ser habitante de Santiago Zapotitlán, sentir tus tradiciones y por lo menos entender el porqué de las festividades”.

Cuando se les habla del presunto poder que se tiene al pertenecer a una mayordomía, matizan: “sí… no… Tanto como poder, no, creas un sentido de pertenencia… Un reconocimiento, pues. Ese es el concepto adecuado, es un reconocimiento de la gente hacia ti, la satisfacción personal, uno va por la calle y sabe quién es el mayordomo, a quién se puede dirigir, te lo dicen ‘él es el que está organizando’ eso es un orgullo”, enfatiza.

Insisto, vuelvo a preguntar, pero antes de que pueda terminar, el mayordomo interrumpe con voz fuerte: “eso es lo que se ha creído siempre, pero no es cierto, claro que hay un sentido de pertenencia muy alto pero de eso a que el poder sea nuestro, pues está complicado, ya que hay una mesa directiva.

“Esta gran satisfacción no te da poder, pero sí un reconocimiento y eso es más satisfactorio aún, ya que no tenemos retribución económica. Lo hacemos por puro placer, es un ritual, una odisea fuera de lo común, hay un trabajo titánico para hacer la fiesta, entonces imagínate, el poder realizarlo es una satisfacción muy grande para los que representan las mayordomías”, asegura.

En casi todas las fiestas de los pueblos originarios del país, el gasto en los juegos pirotécnicos es muy alto. Aun así, las mayordomías y principalmente la mayoría de la población, acepta que se sigan quemando “cuetes” en tal magnitud. En la mayordomía seis del barrio de Santiago se acepta que se gasta mucho, justificando que “todo es por la tradición”.

“El tema del gasto en cohetería tiene dos percepciones en la comunidad, los que están de acuerdo con que se queme, que son los nativos de Zapotitlán; los que no, son los que han venido de afuera a vivir acá.

“Los primeros están de acuerdo con las festividades, cooperan y van a la festividad, los otros son los que no van, no cooperan y además reclaman el porqué del gasto tan fuerte en cohetería, tienen otra forma de pensar, otra cultura, otros ideales. De que se gasta, se gasta, pero es una tradición, es una tradición que es muy bonita y que vale la pena”.

Para el mayordomo presidente lo más importante es que no se le miente a la gente acerca del gasto en cohetería, ya que “siempre se es muy franco con la gente, es la que coopera, necesitas decirle la verdad”.

“Cuando se les hace la invitación se les explica para qué van a ser los recursos, están enterados, así como cuando es el día de la recaudación, es el fin de ese recurso que se pide, para eso sirve. La gente está consciente que se va a gastar en eso, claro, todos los recursos aportados son voluntarios.”

Aunque muchos vecinos han intentado cancelar las fiestas por el uso excesivo de cohetería, las mayordomías del pueblo de Santiago Zapotitlán nunca han tenido problemas con la delegación.

Para ello las mayordomías de cada barrio se juntan para hacer un pliego petitorio, en conjunto con la jefa delegacional y con copia para las áreas correspondientes, expendedoras de los permisos.

La mesa directiva se reúne con funcionarios de gobierno para garantizar la seguridad de todos los asistentes. Antes de las fiestas, se tiene una reunión de acercamiento con las autoridades policiacas, donde se establecen criterios, puntos conflictivos, responsables y tareas de coordinación.

El trabajo de la delegación “es una de las partes más importantes de la fiesta”, según los mayordomos. “Ellos nos dan la autorización para llevar a cabo la fiesta. Nos dan apoyo en especie. Seguridad pública, protección civil y logística, son un apoyo muy grande, la autoridad es una parte muy importante, fundamental”.

Pasar a la historia

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Dejar algo para la comunidad, aunque sea tan sólo un recuerdo, es una de las cosas que más importan en Santiago Zapotitlán. Para la mayordomía numero seis, una de las huellas que dejaron fue “el alto grado de organización que se mostró por parte de los mayordomos.

“Me atrevo a decirlo con orgullo, por ser el presidente hasta el momento de esta mayordomía, y con el apoyo y trabajo de mis compañeros, que es igual de importante que el de cualquiera de nosotros, el haber trabajado con esa armonía en cuanto a ideas y llevar a cabo lo planeado, a mí, lo que me deja es una satisfacción muy grande porque se trabaja mucho, se descuida a la familia, el trabajo, pero todos lo hicimos con gusto”.

Nosotros estamos convencidos de que lo más importante es la organización para que se pueda dar una buena fiesta, alegre, con seguridad y donde se divierta la gente. Esto sirve de base para las autoridades, para que regule las situaciones, seamos más ordenados y aunque tengamos un tipo de usos y costumbres, educar a la gente para el bien de todos los que participamos y venimos a la fiesta.

Para los mayordomos, lo importante es que todo se reglamente. Siendo la fiesta más importante de la ciudad de México en cuanto a pirotecnia, se necesita una buena organización, por ello priorizan la seguridad.

“Ha cobrado fama mundial, se ven carteles en otros países de nuestra fiesta, para nosotros es muy significativo, porque uno es organizador y trata de conservar parte de nuestra cultura.”

Para el presidente mayordomo hay varios puntos que hacen que esta fiesta cobre una importancia insuperable: la magnitud y la convivencia.

“Podríamos decir puntos importantes: la integración de la propia comunidad, quién es el que la organiza sin fines de lucro, y la aportación gratuita de los pobladores de los barrios; la segunda es la presencia de las danzas aztecas, el fuego nuevo, los juegos pirotécnicos, las bandas.

“Creo que los ‘castillos’ y las bandas de música son el principal atractivo del festejo al ‘Señor de las Misericordias’, ya que el que se presente en los escenarios de Santiago Zapotitlán es relevante en sus carreras, ya que aquí es una plataforma de lanzamiento para nuevas bandas”.

Añade una particularidad: “Todo es gratis, además de que es de buena calidad. Somos gente que no busca fines de lucro, sólo difundir y seguir con nuestras tradiciones. No somos un patronato, somos mayordomías, formas de organización históricas”.

Para Don Nicolás, cada uno de los elementos de la fiesta tiene una notabilidad que no se podría sustituir: “Si no existiera alguno de los elementos, pues la fiesta no sería la misma, son elementos fundamentales. Esto de que se acabe la fiesta, pues es muy complicado, no lo determina una mayordomía, ni siquiera la autoridad, sólo la comunidad, cuidando todas las situaciones de la fiesta”.

El poblador de Zapotitlán

BANDA

En Santiago Zapotitlán hay muchas costumbres y tradiciones, pero una que refleja el alto grado de convivencia dentro y fuera del pueblo, es la comida que hace la gente en sus casas, donde se invita a todos a departir con otras familias. Durante todo un día se sirven platos con esplendidez, mientras se conocen personas e historias.

Para la mayordomía número seis ha sido un gusto el compartir, durante esta fiesta, al menos ocho comidas con 50 personas distintas, de pueblos aledaños y otros estados. Es parte de su idiosincrasia “ser compartidos, fiesteros y amigables” comenta entre sonrisas, el presidente.

“Una de las cualidades que tiene una persona nativa de Zapotitlán es la hospitalidad que se brinda a los asistentes. Este es un pueblo lleno de costumbres y de gente muy fiestera, pero independientemente de eso, la cualidad se resalta mucho.

“Por ejemplo, ahora tú nos acompañas en la mesa, comimos juntos, compartimos ideas; no nos conocíamos, nunca nos habíamos visto. Sin embargo, estás con nosotros… Somos muy amables, a nosotros no nos interesa quién venga, todos son bienvenidos, toda la gente, y así puedes ver que es todo el pueblo.

“Aquí en todas las casas te reciben bien, te dan de comer lo que tengan, ahora sí que como decían las abuelas: ‘al menos un taco de frijoles o un vaso de agua’ así es aquí, se conserva esta cualidad en la población”.

Los mayordomos alrededor asienten con la cabeza el comentario del mayordomo presidente, que sonríe, da un trago a su café y continúa, más fluido y emocionado, más orgulloso: “Yo me atrevo a decir que he estado en muchos lugares, que en otros pueblos no se da esto, no hay esta característica en la población, no se siente ese ambiente, e incluso no te sientes a gusto cuando vas”, afirma.

Los comensales comienzan a inquietarse, los celulares suenan; la mesa estará vacía y limpia dentro de una hora, cuando se sirva la comida para una docena de familias, con mixtote, arroz y frijoles.

“Sí, ya vamos para allá” se escucha la voz acelerada y ansiosa de la subtesorera. Cuelga y se disculpa con la mesa: “es que tenemos que llevarles de comer a los ‘castilleros’ y ya se hizo tarde”.

El mayordomo comenta, volteando a ver a sus compañeros “pues sí nos tenemos que ir”, y segundos después se dirige a mí… “pero anote esto… Invitamos a la población de Santiago Zapotitlán y a los pobladores de los pueblos colindantes a que participen, convivan y sean parte de sus tradiciones y costumbres, que se diviertan sanamente, que conserven sus tradiciones, ya que todo lo que hacemos las mayordomías es con mucho trabajo, corazón, honestidad y empeño”, finaliza sonriente.

Mujer mayordoma, un logro

Para Elvia Cruz Flores, subtesorera de la mayordomía número seis, el orgullo de vivir en “esta tierra” es muy fuerte. “Es una experiencia muy especial, vivir aquí, ser parte de la mayordomía, de tu gente, de tus tradiciones. Nunca se había dado en nuestro barrio que una mujer estuviera en la mayordomía con un cargo, puesto que era algo raro. Te ven sola con puros hombres… Cosas así. Desde muy niña soñaba con ser partícipe en las fiestas o ser parte de la mayordomía y su mesa directiva.

Sin dudar, con voz alta y fuerte, Elvia asegura que ha participado en “todas y cada una de las costumbres y tradiciones de la comunidad, como carnavales, el vía crucis y las fiestas dedicadas al ‘Señor de las Misericordias’… Soy una persona que piensa que las tradiciones deben estar bien arraigadas, para mí son lo máximo; me siento orgullosa de pertenecer a Santiago Zapotitlán”.

Y no fue fácil: “No sabía en qué me estaba metiendo, nadie en mi familia había participado, no tenía ni idea de cómo estaba organizada la fiesta, en mi familia siempre dimos cooperación y hasta ahí”, afirma.
“Es una experiencia muy emotiva, un recuerdo que siempre estará, me apoyó mi familia, mi esposo, mis hijos, todo el pueblo. Por mis tradiciones lo hice y tal vez lo seguiré haciendo”.

“Invitamos a la población de Santiago Zapotitlán y a los pobladores de los pueblos colindantes a que participen, convivan y sean parte de sus tradiciones y costumbres, que se diviertan sanamente, que conserven sus tradiciones, ya que todo lo que hacemos las mayordomías es con mucho trabajo, corazón, honestidad y empeño.”

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