DSC02344Formas cónicas, rectangulares, lisas, ferruginosas; estructuras carcomidas por el óxido, recién pintadas, en proceso de reconstrucción o desmantelamiento; sonidos chirriantes, sonoros golpes de metal contra metal; el tronido eléctrico y enceguecedor de la soldadura o las explosiones de chispas provenientes de la batalla entre una esmeriladora y una placa de hierro.

Texto y Fotos: Xavier Rodríguez

I

En este taller se reparan molinos, habla El Castel.

“Apaxco se ha dado a conocer por la cementera, por su feria regional del 4 de octubre, por la peregrinación del 12 de marzo.”

José Madaleno Hernández Cruz, de 23 años, ayudante de oficial de soldadura, comenta que Apaxco “es un pueblo tranquilo, donde abundan los briagos… Pero carismáticos” y sonríe.

Su vida transcurre aquí, donde están su familia y amigos, creando un lazo muy sólido. “He estado fuera y sí, extraño mi pueblo…”.

A pesar de los inconvenientes que generan algunas empresas, por la emisión de contaminantes, a El Castel, como lo apodan, le gusta su comunidad y considera que “los apaxquenses son muy sociables, no todos pero sí la mayoría”.

Sus propuestas son concisas: “Brindaría más apoyo a los estudiantes… Yo estudiaba, pero me gustó traer dinero… Cambiaría algunas reglas… Luego, por nada te quieren entambar” -y sonríe-.

A pesar de que reconoce que entre los habitantes “hay algunos tan orgullosos que caen mal”, no disimula su propio orgullo, por ser parte de las personas productivas del pueblo.

“Me siento satisfecho con mi trabajo… Me gusta la soldadura, el trazo… Quiero llegar a ser uno de los mejores oficiales; siempre superarme y tratar de ser el mejor.”

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II

Debajo de capas de polvo, Mariano Santana Valdés, de 26 años, reconoce que Apaxco “está mal, en lo ecológico, hay mucha contaminación. Todos los árboles están blancos… No dan ganas ni de salir a caminar”.

Propone “pedirles una comisión a las empresas, poner más atracciones y diversiones para la gente”.

Coincide con la mayoría en que Apaxco “es un pueblo tranquilo. No hay muchos problemas y la gente es buena”.

Habla de las tradiciones, de cómo “se va perdiendo el sentido. Y ya no es lo mismo”. Lanza algunas propuestas: “si hubiera una cooperación por familia, en unos años se podría reunir algo”.

Con vista al futuro, las expectativas de Mariano son poder sostener un negocio y hacerlo crecer poco a poco, capa tras capa.

“Me siento satisfecho con mi trabajo… Me gusta la soldadura, el trazo… Quiero llegar a ser uno de los mejores oficiales; siempre superarme y tratar de ser el mejor.”

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