DSC02485Una película de polvo se adhiere a la piel. Es un calor típico. La mayoría de los estudiantes salen en grupos; los rezagados esperan a alguien o simplemente se quedan parados por un instante pensando en el camino, antes de comenzar a andar bajo un día tan intensamente iluminado.

 

 

 

 

Texto y fotos: Xavier Rodríguez

Tres metros fuera de los barrotes rojos del Centro de Bachillerato Tecnológico “Dr. Alfonso León de Garay”, Sandra, con una leve sonrisa, dice que quiere ir a la universidad y estudiar Artes Visuales.

—Municipio Libre (ML): ¿Cómo consideras a la gente de aquí?

—Sandra: “A veces son muy apáticos en cuestiones culturales, se van más a lo político”.

Para una adolescente que disfruta “ir a la biblioteca a leer” (fenómeno poco común), el pueblo de Apaxco, en general “es muy emprendedor, aunque a veces no hacen caso de los jóvenes”.

—ML: ¿De qué manera colaborarías para que se desarrollara tu comunidad?

—Sandra: “Siendo cada vez una mejor ciudadana, honesta…”.

—ML: ¿Serías parte de campañas de reforestación o de limpieza?

Olvidando la interrupción, afirma categóricamente: sí.

Al hablar de las fiestas, menciona que “sí me gustan, pero aquí en Apaxco no se organizan mucho”… Sujeta su mochila con la mano derecha, ve hacia el norte, hacia la calle por donde llegan las “combis” de color blanco y azul.

Tomando en cuenta la prisa, formulo la última pregunta…

—ML: Ya para acabar, ¿qué quisieras decirle a la gente de Apaxco?

Toma dos segundos para voltear a su izquierda, mantiene la mirada sobre el fondo de cerros y llano mientras golpetea las libretas que sostiene con la mano izquierda. “Que se sientan orgullosos (de Apaxco) porque es su casa, el lugar donde están viviendo; que lo cuiden y lo mantengan en buen estado, que sean participativos…”.

Me mira de frente y acentúa la sonrisa, al ver que suelto, accidentalmente, la cámara fotográfica; después de retratarla y despedirnos, da dos pasos y vuelve a poner su atención en la calle, levanta intempestivamente la mano y camina con el ritmo inherente a una colegiala, en una tarde tan calurosa y quemante, que el polvo se adhiere a la piel.

Sandra García Olguín, 16 años.

II

“Lo importante es la convivencia entre nosotros… Apaxco es único. No tiene muchos peligros como en otras partes. Hay tranquilidad”

Ella está esperando en la parada.

—“No creo que haya oportunidades, porque no hay muchos trabajos”.

Quiere ser arquitecta…

—“Creo que no se pueden desarrollar o llevar a cabo proyectos… Depende de las personas que viven aquí, son conformistas”.

Se hace de confianza y apoyada moralmente por su amiga, apunta: “Muchos tienen una actitud negativa, no piensan en lo positivo”.

Desde la otra cara de las circunstancias, señala que “la mayoría de la gente tiene su negocio y (por ello) desarrollarse profesionalmente es difícil”.

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Se sienta al pie de una cortina metálica, pide “que se mejore el aspecto del  municipio… Estaría de acuerdo en participar dentro de campañas por la comunidad… Lo importante es la convivencia entre nosotros… Apaxco es único. No tiene muchos peligros como en otras partes. Hay tranquilidad”.

Sigue pasando el transporte y las chicas se inquietan; Anayeli da sus últimas respuestas cada vez con más decisión. Ella, en la encrucijada de la infancia y la adolescencia, prefiere ocupar su tiempo en otras cosas, del tipo que a los dieciséis años son tan importantes, como las secretas confidencias en voz baja a una amiga.

Anayeli Hernández Santana, 16 años.

Indali Hernández Muñoz, 13 años.

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