Originaria de Santa María Apaxco, Narda, como la conocen, ha tenido una vida difícil, derivada de sus preferencias sexuales. Estilista por más de diez años, ha tomado cursos y  participado en conferencias internacionales.

Texto y fotos:  Gilbert Gil

Respetada en el pueblo por su sinceridad y amabilidad, Narda cuenta algo de su historia familiar, su paso por los laberintos de la homosexualidad y su pasión por las tendencias de la moda.

“Un poco difícil mi vida, pero muy bonita. Tuvimos carencias (en mi familia) ya que mi padre siempre ha sido campesino, entonces no podía darnos mucho. Mi madre trabajó mucho para sacarnos adelante.

“Muy bonita, ya que el valor humano de la gente es lo que más vale, entonces mi madre nos dio mucho y yo le agradezco eso. Nunca nos dejó de dar, aunque sea muy poco.

“El llevar una vida de homosexual además, no es tan fácil. De niño, pues se ve mal, sufres de mucha discriminación. El que tiene poder lo ejerce y a los demás los discriminas. Yo he tenido muchas experiencias de discriminación, es algo horrible, pero a la vez pones los grandes valores, como tu familia, tus padres, Dios… Ellos te han hecho lo que eres, eso me hace sentir orgullosa.”

Egresada de la telesecundaria estatal, donde únicamente había ocho alumnos tomando clases, Narda consiguió inscribirse para la carrera técnica de enfermería.

“Me lo pagó mi hermano, ya que mis papás no podían pagarme la escuela, a mi hermano le debo mucho.”

En ese entonces, además de asistir a clases y cuidar de su madre, quien sufría diabetes, Narda trabajaba por las tardes en una estética, como ayudante, de barrepelos, como ella misma le llama.

El negocio, ubicado en Zumpango, un municipio a media hora de distancia en transporte público, le daba dinero suficiente para los pasajes y para unas cuantas comidas.

A causa de las presiones económicas y el avance de la enfermedad de su madre, Narda llegó solamente al quinto semestre de la carrera de técnico en enfermería general. “A veces no tenía para los pasajes, me costaba  mucho trabajo poder llegar a la escuela, entonces decidí dejarla, ya que era más importante cuidar a mi madre.

“Mi madre es diabética y necesita muchos cuidados, yo se los di y hasta ahora lo hago. Son enfermedades de la vida que no pueden detenerse, no se puede hacer nada más que querer a tu ser amado y darle mucho cariño y cuidados.”

Así transcurrió el tiempo hasta que logró tener su propio local en Apaxco. “Me comencé a superar y empecé a aprender cosas, a tal grado, que tuve la oportunidad de poner mi negocio, la gente me quería, me buscaba; en ocasiones estas situaciones me han provocado envidia hacia mi persona.”

Con carencias en su establecimiento, como espejos mal puestos, sin marcos, sábanas y peines de baja calidad, Narda comenzó su aventura empresarial. Lo más importante es ejercer el trabajo con el espíritu en alto: “Dios me ha dado poder, sabiduría, inteligencia, principalmente un valor espiritual y cuerpo… Un cuerpo  íntegro que tenemos que aceptar tal y como es. Lo más bonito que me ha dado Dios son mis manos para poder trabajar, seguir adelante y ser una persona con valor.”

Narda, sentada en un sofá, frente a los reconocimientos y diplomas que ha recibido en estos años de trabajo y estudio en la Confederación Mexicana de Estilistas, se toma el cabello, lo acomoda en el hombro derecho; la mirada se pierde en el techo blanco, que contrasta con la paredes, de un verde fosforescente. Con una sonrisa pícara, explica el amor que tiene por su pueblo.

“Te lo juro que Apaxco es algo hermosísimo para mí, Apaxco me ha dado de todo; al principio, como estilista, cortaba pelo así nomás, sin saber cómo… Embarraba mezcla, no sabía bien lo que embarraba, sin embargo, me quedaba bien. Cuando uno tiene un poder y lo desarrolla, no necesita estudiar para ello. Yo tengo un poder y lo ejerzo.”

Aludiendo a una campaña televisiva, Narda comenta: “yo tengo el poder y me vale… A mí sí me vale, porque lo hago; yo tengo el valor de hacerlo y me vale lo que los demás digan, mientras yo esté bien conmigo mismo, principalmente con la sociedad de Apaxco, eso es lo que me interesa”.

Para la estilista, en Apaxco le reconocen su apoyo a la comunidad: “Se ha dado cuenta (la población) que yo he ayudado a mucha gente, siento que ahí es donde se demuestra el valor humano. No me gusta dar migajas, sino un pan que los llene, no migajas de lo que me esté sobrando. A la gente de Apaxco la quiero mucho.”

A través del tiempo, Narda ha estudiado en diferentes escuelas para estilistas, ha cursado diplomados, recibido certificaciones y reconocimientos. Se concibe como una mujer triunfadora que puede demostrar la calidad de su trabajo ante cualquier  estilista “venga de donde venga”.

“Estoy al margen de todos los estilistas, no le pido nada a nadie, no necesito que un estilista grande me enseñe, compartimos las mismas ideas, ya que he estudiado mucho y me siento capaz, aún, de embellecer a todo mi pueblo de Apaxco… Lo adoro, lo adoro, lo adoro, y lo más hermoso que hay en mi vida está aquí en este pueblo. Les agradezco a todos… Ahora sí que el que no conoce a Narda no conoce Apaxco…” repentinamente se da cuenta de lo dicho y estalla en carcajadas.

“En serio, yo le tengo mucho respeto a la gente, nunca le he faltado el respeto a nadie, sea homosexual, lesbiana, pobre, rico, campesino, licenciado u obrero; no tiene que perderse, no se debe perder el valor humano de la gente, que es lo más importante. Apaxco es lo más importante para mí, adoro a mi municipio y siempre haré cosas para que sobresalga nuestra gente, nuestro pueblo… Hay que aportar.”

Con respecto a los cambios que ha sufrido la localidad, Narda comenta que en cuanto a la discriminación y agresiones a los homosexuales, sí es diferente. “La gente nos respeta más, hay mucha gente en este pueblo y en general que es homosexual, pero la misma presión social no les permite decirlo de frente a las personas, son de closet… Que no nos juzguen por ser homosexuales, no se vale.”

Narda comenta que ella y otras personas con preferencias sexuales diversas han tenido un proceso de adaptación difícil en el pueblo. “Nos hemos hecho respetar, no hay de otra. Las bandas y los grupos de los barrios te gritaban insultos, te pegaban, te decían puto, maricón, mujercita. Eso ya en estos tiempos ya no pasa, nos respetan mucho.

“No todos somos iguales, desgraciadamente por unos pagamos otros; unos son buenísima onda, pero hay muchos que son muy cabrones, por eso la gente nos pierde el respeto. En lugar de que nos apoyemos, nos echamos tierra, no se trata de eso, hay que respetarnos.

“A mis 30 años me siento satisfecha, ya que hay un respeto hacia mi persona y yo lo doy a otras. Hay que ser gente de provecho, no la vergüenza de la gente, para que nos respeten… Es lo más bonito.”

Lo mas importante para Narda es su familia, el acercarse a Dios y su trabajo: “Mi familia es muy importante, junto a dios, me dan fuerza para seguir adelante, para esforzarme y ser más profesional en unos diez años más. La verdad es que me veo como una profesional, con amor, con cariño, para poder seguir ayudando a mi familia…  Los quiero un chingo, la verdad.

“Sí algún día a mi familia les hice pasar vergüenza, no quiero ser ahora la vergüenza de la familia, al contrario, quiero que (mis parientes) se sientan orgullosos de Narda, de lo que hace y de lo que piensa, de cómo quiere a su familia. La neta, la neta, los quiero un chingo y ellos lo saben.”

Para finalizar, Narda invita a los apaxquenses a que sigan triunfando, que no se entristezcan. “Que sigan ayudando a la comunidad, que se desarrollen, que busquen y compartan… No hay que ser egoísta ni juzgar a la gente. Las personas se tienen que valorar, no hay que ser ciegos. Dicen que los perros a los ocho días abren los ojos, nosotros, a veces, ni en una vida los abrimos; estamos en la oscuridad y no nos damos cuenta de la brillantez del mundo que nos rodea.

“Ojala que esto que digo le sirva a alguien ya que a mí, ya me sirvió, es mi experiencia y hay que aprender de los demás. Sí se puede, somos un gran orgullo. Hay que ayudarnos todos los apaxquenses.”

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