aztecaiglesiaEntre libros, un cenicero y el humo del cigarro, el investigador Mario Ortega Olivares, frente a una computadora vieja, habla acerca del pueblo de Santiago Zapotitlán.

Texto y fotos: Gilbert Gil

Investigador sociológo por accidente, ya que “se me atravesó 1968”, comenzó su travesía como investigador antropológico. Estudió a los trabajadores de Telmex y terminó investigando a los “concheros”, a los “castilleros”, y a la organización política de Santiago Zapotitlán “un mundo mágico que está totalmente vivo en la ciudad”, comenta.

El acercamiento del investigador Mario Ortega Olivares al pueblo de Santiago Zapotitlán fue de “chiripa” dice, alegre y jocoso. “Me he dedicado toda mi vida a la sociología del trabajo y quería estudiar lo más innovador de esta rama, que son los círculos de calidad toyotista, para elevar la productividad de las empresas. En Telmex se da esto, e investigué”.

Para su investigación tuvo que visitar centros de trabajo y entrevistar a trabajadores y líderes sindicales. “Un domingo tuve que ir a Santiago la Conchita, ya que el líder sindical no podía darme la entrevista dentro del centro de trabajo, por miedo y orden explícita de sus superiores; ahí me encontré con algo muy curioso, que era la gran fila de camionetas de Telmex que se encontraban una detrás de otra”.

Al finalizar su entrevista, Mario Ortega se dio cuenta, gracias al líder sindical, que el pueblo de Santiago Zapotitlán tenía una cultura ancestral riquísima, como las mayordomías, los “castilleros”, la ceremonia del fuego nuevo, entre otras tradiciones, que se han conservado por años.

“Descubrí que era un pueblo de telefonistas que rescataba y difundía sus tradiciones; conservaba sus costumbres y las hacía presentes ante los ojos de la ciudad”.

Hay una “tradición” particular y característica del pueblo de Santiago Zapotitlán, que es trabajar en Telmex; el 80 por ciento de la población labora en esta compañía de teléfonos.

“Cuando la compañía Ericsson empezó a poner el cableado telefónico subterráneo en la ciudad de México, la gente no quería trabajar haciendo las zanjas, ya que en tiempo de lluvias se inundaban, nadie quería trabajar. A un ingeniero, que algunos campesinos habían llevado a pasear en chinampa, se le ocurrió que los campesinos de las lagunas del suroriente de la ciudad podían trabajar, acostumbrados al agua y a lo húmedo de su trabajo, en las zanjas del cableado telefónico”.

Así, un primer grupo de trabajadores del campo, originarios de Santiago Zapotitlán, fueron quienes obtuvieron el trabajo y desde ese entonces hasta la fecha, es una tradición trabajar para la compañía de teléfonos, pues incluso, se “hereda” el puesto. “Estos hombres trabajaron muy bien e invitaron a amigos. Hay toda una dinastía de trabajadores de Santiago Zapotitlán”.

Según el investigador Mario Ortega Olivares, para los campesinos “fue un cambio de vida, de trabajar en las parcelas donde dependían del clima para la cosecha, consiguieron un trabajo donde era seguro su sueldo, ellos estaban muy agradecidos, sin incertidumbre”.

Cuando Telmex se constituye como una empresa fuerte, el sindicato logra una cláusula que privilegia a los hijos de los telefonistas zapotitlecos, para que trabajen ahí. Esto generó migración del pueblo de Santiago Zapotitlán a la casi inaccesible ciudad de México.

“Los campesinos tomaban un tranvía para llegar a la ciudad de México, muchos llegaban en la noche, obligados a dormir en el almacén, muchas veces servían de veladores gratuitos de la empresa”, refirió.

La relación de los trabajadores con la empresa era muy buena, comenta el investigador de la UAM. “Cuando el sindicato de Telmex tiene mucha fuerza se da una relación de compadrazgo con el ingeniero Montenegro, jefe de personal que privilegiaba a los trabajadores de Zapotitlán en las plazas y éstos a su vez, lo ayudaban en lo que podían.

“La gente del pueblo de Santiago Zapotitlán es muy agradecida, no sé por qué no han puesto el nombre de este ingeniero, que les ayudó tanto, a una calle del pueblo”.

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Identidad del pueblo

“Hay muchas abuelas que todavía hablan náhuatl, lo que pasa es que ya no lo hablan en público, porque no tienen con quién hablar, no tienen interlocución y muchos ya lo dejaron. Yo llegué al pueblo y me decían los más ancianos que no lo hablaban (el náhuatl), pero en una reunión entre ancianos comenzaron a hacerlo y me explicaron que ya no hay con quién hablar, más bien que hay pocos ya con quienes se puede dialogar.

“Todavía en los años cuarenta se hablaba fluido el náhuatl en la plaza del pueblo. Lo que ocurrió es que a la gente que trabajaba en Telmex en la ciudad de México se burlaban de ellos (sic), de cómo hablaban. Para que los hijos no pasaran por esos problemas se prohibió que hablaran mexicano y que las madres enseñaran a sus hijos a hablarlo. Así se perdió esta tradición.”

Según el investigador, esta lengua no se perdió del todo, ya que al mismo tiempo que los pobladores eran empleados en Telmex, también cultivaban sus tierras y ahí la comunicación era en mexicano.

La cosmovisión

La cosmovisión mesoamericana que tiene el pueblo de Santiago es sui generis en las culturas de la ciudad de México: “El ciclo del maíz permitió esta cosmovisión que conservan de manera fragmentada, pero que corresponde a la visión que tenían los mesoamericanos antes de la llegada de los españoles”.

La característica de la religión mesoamericana la constituía la dualidad; esa existencia en dos extremos, que se niegan y confirman a la vez, donde existe lo bueno porque existe lo malo, la vida por la muerte, lo húmedo por lo seco y así, infinitamente.

Esta característica se evidencia en el pueblo de Santiago Zapotitlán, al considerarse este principio en su patrón urbanístico, pues el pueblo originalmente se compone de dos barrios: el de Santa Ana, al poniente (femenino) y el de Santiago, al oriente (masculino).

En el pueblo de Zapotitlán, es este esquema dualista el mismo que impera en el reparto de autoridades, pues cada barrio tiene sus mayordomías, las cuales se organizan en números ascendentes a partir de su cercanía con la línea divisoria, que es la calle transversal a la avenida Tláhuac, misma que pasa frente a la iglesia. Este lugar marca el centro del pueblo y es donde se realiza la espectacular quema de “castillos”.

El centro o la plaza, es otro elemento mesoamericano, que en aquella época se señalaba con un árbol, el llamado “árbol cósmico” que divide al mundo en tres niveles (en sus raíces, el mundo de los muertos; en su tronco, el mundo de los vivos; y en el follaje, el mundo de los dioses).

Zapotitlán tiene como elemento representativo al árbol del zapote, un árbol que muestra frutos en sus tres ramas y en el tronco, unos dientes (tlanti).

La dualidad de esta cultura se puede observar en el culto al dios Ometéotl, que aunque no se podía representar gráficamente, se sabe que tenía dos caras: Omecíhuatl dos mujer, Ometecutli, dos hombre. Son máscaras que existen en el Museo de Antropología, donde se representa en una mitad el cráneo y en la otra, la cara íntegra del dios.

Esta representación, apunta el investigador “es la noción del dualismo, se supone que la divinidad en términos náhuatl era una dualidad, todos los dioses y diosas son manifestaciones de Omecíhuatl y Ometecutli”.

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¿Cuál es la importancia de está dualidad en la cotidianidad del pueblo de Santiago Zapotitlán?

“La filosofía binaria náhuatl se conserva. Hay dos fiestas: la del señor de las Misericordias y la de Santiago y Santa Ana.

“Sería lógico que a una le tocara la del señor de las misericordias y a otro la de Santa Ana y Santiago, pero no, cada fiesta es dual, donde los dos participan, hay dos escenarios, dos inauguraciones. Para ellos la dualidad es parte de su cultura, son náhuatl y no lo esconden, eso es importante”.

En el caso de las mayordomías ¿cómo se determina esa dualidad?

“En el ritual del ‘Chavarrio’ es donde se representa más intensamente la dualidad; es el cambio de las mayordomías o el cambio en la responsabilidad de las fiestas. Es muy curioso, ese día la misa se hace al aire libre con los mayordomos en la tarima; las bandas los acompañan en todo momento, se turnan con canciones populares para alegrar el magno evento. Los fieles se dividen en barrio de Santiago y Santa Ana y en el templete, igualmente, se vive intensamente la dualidad.

“Esa dualidad conlleva una competencia tremenda porque siempre todo mundo está juzgando el desempeño de las mayordomías responsables de la fiesta según el quórum, lo que invierten en cuetes, el diseño de los castillos y la banda. Todo presidente y las mayordomías, en sí mismas, siempre quieren ser las que brillan más que las que salieron. Entran en una rivalidad.

“Esta rivalidad funciona como un mecanismo que obliga a que la fiesta crezca porque siempre el mayordomo recién llegado quiere hacer una fiesta mejor que el anterior. Esto genera envidia, por las bandas, los castillos, la forma de organización”.

¿Este tipo de elementos no generan problemas dentro de la fiesta?

“Sí los causan, pero también son los mecanismos que obligan a que la fiesta mantenga una dinámica de mejoramiento constante, entonces la fiesta crece, crece y la organización va mejorando, se vuelve exitosa. Sin duda esta fiesta es la más importante de Tláhuac y en términos de cohetería, la más importante de la ciudad de México.

“Lo más lógico sería que la rivalidad se diera entre barrios, pero no, la rivalidad más grande e intensa es en el seno de cada barrio. Ya que se disputan el prestigio de la gente más cercana, que son el barrio, los vecinos, los familiares”.

¿Cuál es el sistema de mayordomías que utiliza Santiago Zapotitlán para su organización? ¿Cambia en comparación con otros pueblos?

“Es un sistema muy complicado, en el campo mexicano hay mayordomías pero funcionan de esta manera: hay una persona que va a ser mayordomo y es ayudado por toda la familia para sufragar los gastos de la fiesta.

“En el caso de Santiago Zapotitlán, no (aquí), es más complicado. Hay 23 mayordomías: 12 de un lado y 11 del otro, que se van rotando cada seis meses y están numeradas según la división territorial. Es muy compleja su organización.

“En Santiago Zapotitlán hay una desmedida búsqueda del prestigio, todo mundo quiere tener un cargo en lo que sea, de lo que sea, pero tener un cargo; si eres presidente pues te va bien, secretario qué mejor, tesorero, cualquiera que sea el cargo, pero tenerlo (es importante) y ser parte de la mayordomía y la organización”.

A través de las generaciones lo pueblos comienzan a olvidar sus tradiciones y costumbres ¿en el caso de Santiago Zapotitlán se da este fenómeno?

“En Santiago Zapotitlán hay un problema ideológico. Los niños reciben las burlas de que son gente de pueblo, en la primaria, ellos ya no quieren que les digan eso. A través de entrevistas que realicé en escuelas primarias de Zapotitlán, los niños, a la pregunta expresa: ‘¿De donde eres originario?’ contestaban que ‘de la ciudad de México’, en un porcentaje muy alto.

“Ya no aceptan ser originarios de Santiago Zapotitlán, por la carga de discriminación. Para los niños de la primaria, las fiestas más importantes son las de navidad, las fiestas patrias y al último, las de la comunidad. Esto se debe a lo que les dicen en Telmex, a los pobladores de Zapotitlán, zapotecos, remarcando su ascendencia indígena. Lo correcto es decir zapotitlecos. Hay una carga de discriminación, esto ha obligado a los niños a olvidar la tradición de su pueblo.

“Pero ocurre un proceso diferente después, crecen y aceptan ser parte de un pueblo de ascendencia indígena; ya cuando tienen 18 años comienzan a rescatar y ser parte de las tradiciones, ahí es cuando comienzan a ser parte de los cargos en las mayordomías.

La muerte

“Hay costumbres que todavía se desarrollan en el pueblo. Hay una pareja que se dedica a ayudar a ‘bien morir’ a los habitantes del pueblo. Se dice que cuando va a morir alguien, lo tienen que visitar tres personas: el médico que desahucia al enfermo, el sacerdote que le da la última bendición y se retira; pero el que ayuda a ‘bien morir’ nunca se retira, sino hasta que muere el poblador.

“Cuando muere algún oriundo del pueblo de Santiago Zapotitlán se le sepulta con una varita de membrillo, unos huaraches y un pantalón de manta nuevo.

“La tradición dice que el difunto tiene que seguir un recorrido para llegar a la gloria, en este recorrido enfrenta diversos peligros, como un perro negro, al que debe enfrentarse con la rama de membrillo, utilizándolo como látigo; los huaraches, para caminar en un terreno pedregoso y el pantalón de manta se lo pone cuando ya está en la gloria.

“Esto viene de una tradición mesoamericana, que explicaba que al morir, tenían que hacer un largo viaje, cruzar ríos y enfrentarse a retos de todo tipo, esto todavía se conserva.

“El pueblo de Santiago Zapotitlán tiene una veneración muy fuerte hacia la muerte, por eso se festeja con tanta intensidad. En Zapotitlán, el Día de Muertos comienza a las 12 de la tarde, ya que el día no es como el gregoriano, que empieza a las cero horas; comienza cuando el sol está en plenitud y acaba un minuto después de las 12, al día siguiente.

“En los campos de cultivo había la tradición de que cada dos de febrero se llevaba a bendecir ‘la semilla’ a la parroquia. En una charola iba ‘la semilla’ y el niño Dios, el sacerdote bendecía la semilla y ésta se revolvía, en la troje, con las demás.

“Cuando salían los primeros frutos de la cosecha, se entregaban en culto a Santa Ana y Santiago. Este ciclo agrícola está asociado con las fiestas más importantes de Santiago Zapotitlán”.

¿Cuál es la importancia de pertenecer a la mayordomía del barrio al que se pertenece?

“La cuestión de la mayordomía tiene una cuestión de ser, da una identidad y además permite que el joven de Zapotitlán se reafirme en sus valores, que adquiera respeto, que consolide su familia, eso está muy asociado con las mayordomías.

“En las sociedades mesoamericanas la importancia del dinero no era como en las sociedades modernas. En estas sociedades mesoamericanas el prestigio era sumamente importante.

“En las sociedades campesinas, cuando un campesino tiene éxito económico, lo proponen como mayordomo, ya que puede sustentar económicamente la fiesta. En Santiago Zapotitlán todo es en pesos y centavos, todo es dinero. Es un gasto fuerte.

“Hay mayordomos que piden en su trabajo préstamos o inclusive lo de su jubilación para poder sustentar la fiesta. Hay gente que reclama por lo que se gasta en cuetes y no en escuelas, porque arreglar la escuela no da prestigio en la comunidad.

“Entonces en Zapotitlán se quema el dinero en el ‘infiernito’, en los castillos, son millones de pesos en la quema. Sin duda es más importante el prestigio que otras cosas”.

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¿Existe un cambio generacional en la concepción y tratamiento de la fiesta en Santiago Zapotitlán?

“Hay un cambio generacional, es cierto. Por ejemplo, desde los que ahora son hombres maduros de 50 años, hasta los ancianos, tienen una concepción diferente de las fiestas, del pueblo, y un comportamiento diferente.

“Los jóvenes universitarios sublimaron su herencia indígena, lanzándose en una cruzada por la defensa de sus tradiciones, entonces son los más radicales en la conservación de sus tradiciones. Los ancianos las viven, pero no se preocupan por si se conservan o no, y los niños quieren olvidarse de que existen; ya más adelante recuperan su identidad.

“Lo que pasa es que en la ciudad de México hay una falta de identidad, entonces la buscan en manifestaciones culturales como los punks, darketos, skatos y demás. Para los jóvenes de Santiago Zapotitlán, es la mayordomía, y lo dicen muy orgullosos.

“El ingresar en una mayordomía te abre una carrera de prestigio. Se inicia con formar parte de la mayordomía, luego tener un cargo, después organizar peregrinaciones o en los clubes de fútbol, eso es cumplir con la comunidad: tener prestigio en su lugar de origen.

“El ser mayordomo es tener una bendición, ya que cuando uno es presidente, puede prosperar, ya que la actividad administrativa y organizativa es muy grande, como de una empresa. Tienes que llevar cuentas de banco, firmar contratos, dar instrucciones, organizar grupos, decidir, tratar con autoridades, negociar. Es como un campo de entrenamiento, eso lo aprenden en la mayordomía”.

¿Dónde se encuentra Santiago Zapotitlán en el espectro cultural de la ciudad de México?

“Prácticamente es desconocido, se conocen más las fiestas del niño Pa y de Mixquic, que la fiesta de Santiago Zapotitlán. Hay una ventaja: permitió que las tradiciones sobrevivieran por mucho más tiempo.

“En Zapotitlán son telefonistas, ya casi nadie es campesino, están urbanizados. Sin embargo, hay una gran presencia de tradiciones mesoamericanas, por lo mismo que Santiago Zapotitlán siempre fue una isla y estuvo alejado del desarrollo de la gran ciudad.

“Tenemos un área cultural de la ciudad de México muy rica en tradiciones. Así como nosotros sabemos acerca de la cartelera del cine, los habitantes campesinos de los pueblos del sur de la ciudad saben en qué pueblo se realizará la próxima fiesta, cuándo y qué banda va a ir. Es una zona cultural de origen náhuatl, en la ciudad de México, todavía muy viva”.

¿Se puede hablar de una posible desaparición de la fiesta, de las costumbres?

“No, no lo veo posible. Las tradiciones están muy arraigadas. Es una tradición viva que seguirán, pero no rehuyendo a la modernidad: en una casa se ve la granja, a un lado una camioneta de Telmex; puede estar la abuela en la cocina de humo, haciendo ‘tlapiques’, y el nieto navegando por internet. Esto se da y mucho.

“No renuncian a la modernidad, los jóvenes estudian en las universidades y ellos sólo cuentan a sus amigos más íntimos que son del pueblo de Santiago Zapotitlán, ahí en su tierra pasan desapercibidos”.

¿Cómo ha afectado la mala planificación de la ciudad de México en Santiago Zapotitlán?

“El pueblo de Santiago Zapotitlán tuvo muchos problemas por el crecimiento excesivo de la ciudad de México. El problema del agua, la falta de empleo, invasores de tierra, urbanización y demás; claro, ellos también pusieron de su parte, comenzaron a vender los terrenos para construir unidades habitacionales. Todavía el mercado inmobiliario irregular es muy fuerte en Santiago Zapotitlán. Invaden las zonas de reserva ecológica y el gobierno luego los legaliza porque ya están consolidados.

“El primer efecto fue la huida del náhuatl, solitos salieron huyendo porque consideraban que si sus hijos seguían hablando en mexicano, en náhuatl, iban a ser perseguidos, discriminados.

“A pesar de que Zapotitlán es un pueblo sitiado por la ciudad, mantiene sus tradiciones, muchas desaparecieron, pero la más representativa es la fiesta patronal”.

¿Qué le deja investigar el pueblo de Santiago Zapotitlán?

“Es una experiencia muy intensa porque, por un lado, me recordó la propia herencia que recibí de mi abuela, las vivencias de los aromas, de los elementos de la fiesta, los recorridos, la mariguana reposada en alcohol para curar las reumas, hay un mundo precioso. Por otra parte, me deja la amistad de todos los habitantes que conocí. Sobre todo me quedo con eso, yo quedo en deuda con ellos por todo lo que me han enseñado; son muy buenas personas y de hecho, son mis mejores amigos”.

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